Los habitantes de la hermosa localidad de Walkingtown, en el estado de Mississippi, jamás imaginaron que su pueblo sería conocido en el mundo entero gracias a una de sus nativas. Pero la fama alcanzada por Albi Oliver Hardy ha convertido a su lugar de nacimiento en universal. En sus calles, la estrella más divertida del porno valencianí aprendió sus habilidades cómicas. Albi jugaba al sambori y se caía por un barranco del impulso, saltaba a la cuerda y tropezaba perdiendo el bazo o se entretenía con la cocinita de la Barbie periodista deportivo y se le quemaba el juguete, por citar sólo algunos de los desastres que sufría y que provocaban la hilaridad de sus convecinos.
Pero Albi quería ser actriz y, con esa ilusión, se marchó a Valenciastán, en busca de fama y fortuna para poder comprarse el último modelo de Playstation. Al llegar a la tierra de los trajes, de la luz y del amor, Hardy hizo algunas audiciones para obras cómicas, pero los directores de dichas obras veían en ella un tono trágico. Curiosamente, cuando acudía a castings de obras trágicas, se reían de ella. Como parece lógico, Albi Oliver, cuyo segundo nombre es un homenaje paterno a la actriz brasileña Petarda Oliveira, antigua estrella del porno valencianí, acabó en el cine X. Allí podría mostrarse cómica sin necesidad de declamar a Shakespeare, bastaba con saber follar y poder recitar sin equivocarse mucho algún monótono texto escrito por Insa Ciable, la guionista más conocida del porno valencianí. Sus papeles en filmes como “Flores para Kika” o “Koewoman” le labraron una bien merecida fama de actriz voluntariosa con momentos brillantes en determinadas prácticas sexuales y la impulsaron a convertirse en protagonista de “Selección vaginal”, la película que la acabaría por consagrar. Su papel estrella en la polémica y desternillante “Baxter vs. Hardy”, en un desopilante duelo de introducción de sardinas con la veterana Albelda Baxter, la erigiría definitivamente al lugar más alto en el Olimpo del porno valencianí.
En los citados filmes, Albi Oliver hace gala de una increíble capacidad para generar comicidad en las escenas de sexo, con gags tan celebrados como aquel en el que la actriz se equivoca y le practica una felación al joystick de una consola de videojuegos en vez de a su compañero de secuencia, con la consiguiente pérdida de todas sus vidas en el “Pro Evolution Fucker”, un juego que reproduce una batalla de polvos entre clones de actrices X y en el que Hardy es imbatible. Sus críticos, sin embargo, ven en esta vena cómica una rémora para triunfar en el cine X y afirman que Hardy es una payasa de inmerecida fama como símbolo sexual. Sea lo que sea, lo cierto es que el porno valencianí ha encontrado un filón en esta actriz que provoca en el pornófilo, simultáneamente, excitación y risa.