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 JOHN & CONSOLATION: DOBLEGANDO A WILLY FOX
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La Lonely Planet tiene celos porque checheché viaja con Juanito y Consuelo

CONTENIDO: CHECHECHE.NET

En nuestra sección el contenedor encontrará, entre otras, más ediciones de este espacio
  Ella y él viajan a... Estambul
Escribe Vicent Molins:
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“Querido diario, a mí siempre me había hecho ilusión viajar a Estambul. A Consuelo, en cambio, la idea nunca le sedujo. Ella prefería visitar lugares estrictamente occidentales: los almacenes Harrods en Londres, las industrias de petróleo refinado de Gelsenkirchen (a Consuelo lo refinado le encanta) o las fábricas de alimentos preparados de Trondheim. A mí Turquía y por extensión Estambul me parecía un espacio glorioso. ¡Que es que el jefe del estado y el primer ministro del país, Abdullah Güll y Tayyip Erdogan, llevan bigote! ¡Como yo! Llevo bigote, ahora que calculo, desde los 27 años.

Yo, definitivamente, tenía que viajar a Estambul. Después de Lisboa, antesala de este paraíso decadente de mostachos que es Turquía, convencí a Consuelo y un lunes por la noche despegamos desde Madrid. De València, me ha dicho Ambrosio, sólo salen vuelos chárter muy de cuando en cuando. En el avión entablé conversación con las azafatas. Unas chicas muy monas. Eran tan simpáticas que hasta les compré uno de esos juguetes que venden en los aviones. Compré un coche de bomberos, con una escalera larguísima. Cuando vuelva al despacho lo colocaré en la vitrina, junto a los balones y los banderines. Una de las azafatas me contó que en Turquía la gente con bigotes finos es progresista. Los ultra conservadores, los que añoran la gloria del Imperio Otomano, tienen bigotes espesos. 

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Ultra convservador no soy, desde luego que no, pero sí añoro los tiempos imperiosos cuando el borinot de la IHFFS me entregaba la pelotita dorada un mediodía de mascletà

Consuelo durmió durante las cerca de cuatro horas que duró el vuelo. En el Aeropuerto Atatürk hacía frío. Por la noche rasca. Luego, al ir a pagar el visado a un mostrador, me fijé que estaba repleto de cuadros con la fotografía de un señor... ¡sin bigote! A mí me dio la impresión de que ese tío no era turco. Para esas cosas, lo admito, soy un lince. Consuelo comenzó a señalar con el dedo uno de los cuadros y a asegurarme que ese caballero debía ser armenio, quizás kurdo. Yo también intuía que el tío debía haber recalificado miles de mezquitas, por eso le daban tanta bola. Cuando nos dimos cuenta llegaron hasta nosotros un montón de aborígenes con trajes negros que nos gritaban. No sé por qué se organizó tal alboroto. Consuelo se me abrazó porque la mujer, quieras o no, se asustó. Al final resultó que el hombre sin bigote (en otros cuadros sí llevaba; se lo quitaba y ponía según convenía) no era turco, como yo decía: nació en Grecia y fue el fundador de la actual república turca. Puso en marcha grandes reformas sociales; occidentalizó  el país, defendiendo con la ayuda vigente del Ejército la laicidad del estado; y  quiso acabar con el rostro medieval de Turkey, como yo con el València. El señor se llamaba Mustafá Kemal, apodado Atatürk ('padre de la patria'). Lo respetan mucho al menda, está por todos los sitios. Yo me sentí muy identificado con su figura y Consuelo aprendió una lección: aquí de los armenios y de los kurdos, bueno, y de Manuel Llorente, se debe hablar poco y mal. La cosa, según me contó Ambrosio, no va en broma: el escritor turco Orhan Pamuk, ganador del Nobel hace un par de años, está amenazado por los nacionalistas turcos por defender la causa armenia, y hace unos meses se cargaron al periodista armenio Hrant Dink. Ché per favor, que quizás nos teníamos que haber quedado en casa...

Un poco aturdidos nos largamos a buscar el quiosco del aeropuerto. Yo quería comprar Las Provincias y Consuelo la Vanity Fair (aunque esté en inglés las fotos le encantan). Las Provincias no estaba. No sé, debió haber algún problema con la distribución. Compré los periódicos locales y me quedé de piedra: en uno había una página entera con fotos de xicones en bola. Aquí es algo usual pese a que el 99% de la población es musulmana y que las bragas de Heidi están censuradas. Con la Vanity Fair en la mano (ésta sí estaba)  fuimos a coger un taxi. Una velocidad, una mala conducción... Con ganas de vomitar llegamos a nuestro hotel en la zona de Beyoğlu, corazón comercial y antiguo, o no tan antiguo, hogar de gángsters y traficantes de opio y grifa. Dejamos las maletas y en seguida nos subimos a la Torre Gálata (FOTO 4), el Micalet estambuleño. Servía a los genoveses para controlar la ciudad. Con la altura a Consuelo le comenzó a dar el vértigo. Nos bajamos y a las espaldas de la torre vimos la luz, nos excitamos. Consuelo comenzó a sonreír y yo, como no tenía cerca de Chusín, pues no sonreí pero sí grité. “Espabila, que nos quitan el sitio”. Un súper restaurante español en el horizonte: La Venta del Toro. Con un ambiente chill out a lo fiesta del tío Wollstein. Nos pusimos morados: que si boquerones, que si tortillita de patata y cebolla, que si chuletas...

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Después de almorzar Consuelo hizo cálculos: “¡Que nos han timado!”, “¿Pero qué dices?”. “Sí Juan, el taxista, nos ha timado!”. “Que nos ha cobrado 306 liras”. Hice unas operaciones con la calculadora del móvil y en efecto, 170 euros por  20 minutos. Ya decía yo que aquí los taxistas se parecían muchísimo a Gustavo Mascardi y Matías Aldao... Para impresionar a mi Rubio favorito hice un juego de palabras: “entre un turco y un truco apenas hay diferencias”. “Uy Juanito, que tú acabas ganando el Planeta”.

Atracados pero orgullosos la Rubio y yo nos pusimos en 5 minutos en la calle peatonal Istiklal (FOTO 6 inferior). Es como la calle Colón, pero todavía más extraña. Allí vimos a un montón de chavales que llevaban unas camisetas donde ponía en la parte trasera “¡Que te jodan!”. Sí, sí, en español. Creo que es una campaña del Instituto Cervantes (la sede está en la plaza Taksim, al acabar Istiklal) para fomentar el español en Estambul. En Istiklal hay de todo: tiendas de decoración clavadas a Artikel, La Oca o Bañón; Benetton; Body Shop; heladerías italianas carísimas; un colegio de niños bien; tres o cuatro Starbucks; bancos; mezquitas; tiendas de discos y libros; muchas tiendas de chocolate, pistachos y delicias turcas (son como gominolas con higo, almendra y azúcar; a Edu le compré 3 cajas) y gente con estética punk, islámica, arty... También hay galerías de arte y una iglesia: la de San Antonio de Padua, neorrenacentista y donde entramos, en medio de una misa en polaco, a poner velas para evitar volver a mutar en Johnny Katanas. Saliendo vimos el consulado ruso. A nuestro paso la gente se puso a aplaudir, a vitorear a Consuelo. ¡Se pensaban que era rusa! Qué cosas tienen los rusos... En esta ciudad, realmente, todo parecía insólito.

Escarmentados por la tarifa de los taxistas destarifats cruzamos la ciudad con un medio muy raro que creo que se llama tranvía. Pasamos junto al puente Gálata (repleto de pescadores) (FOTO 5), pasamos por la gran explanada donde está la mezquita de Yenii (grandiosa; a mí me cabía ahí un estadio de 70 mil plazas, frente al Cuerno de Oro y el Bósforo), pasamos por el Bazar Egipcio (FOTO 2)... y al rato llegamos a la parte vieja de la ciudad. Teníamos antes nosotros el Gran Bazar y un Hammam. Como somos una pareja bien avenida Consuelo se fue para el Gran Bazar y yo al Çemberlitas Hamami, el más frecuentado, fundado en 1584 por la sultana Nuru. Me hicieron quitarme la ropa, ponerme una toallita. Un tipo que se parecía a Bayran Tutumlu comenzó a preguntarme por cosas que no entendía y yo le dije lo que quería “woman, woman!”. Me hizo entrar a una sala vaporosa y cuando esperaba a la sultana Nuru... Ay mare que me vi a un hombre clavado a Alberto Martí. El bruto empezó a fregarme, venga a frotar. “Stop, stop!”, le grité, pero el animal no paraba. Y venga al fregón, para arriba, para abajo. Al acabar tuve una sensación placentera, estaba tan relajado como aquella comida de navidad donde veté a la SER. Salí y me fui a la puerta principal del Gran Bazar, junto a dos tiendas contiguas del Fenerbahçe (qué cansinos están por aquí con Zico y Roberto Carlos) y el Galatasaray, la una junta a la otra, donde había quedado con mi Consuelo. A los cinco minutos apareció. Mare meua qué impresión: siete bolsas llevaba llenas de té, mucho té; de imanes para la puerta del frigorífico; de pipas de espuma de mar; de kilims, que son alfombras a la turca; de cojines para el sofá y de unos aparatos revolucionarios para limpiar el cerumen de las orejas por aspersión que había conseguido sacar por la mitad tras regatearse a un turco.

Tranquilamente nos piramos hacia la Mezquita Azul y Santa Sofía (FOTO 1), que ahora es un museo; una mierda de museo al lado del que vamos a montar en el Nou Mestalla. De repente desde las mezquitas comenzaron a pegar berridos en árabe. “Consuelo, corre, corre, escondámonos”. 

“Juan, que esos son los americanos, que se han enfadado”. “No digas gilipolleces Consuelo, que esa voz es la de Carlo Cicchella”. “¿Pero Carlo sabía árabe?”. “Y búlgaro, Consuelo, y búlgaro”. 

Al final todo fue un malentendido. Lo de los gritos en árabe lo hacen 5 veces al día llamando a la oración desde los alminares. En la Mezquita Azul nos hicieron quitar los zapatos. ¡Se está de bien...! Consuelo me dio la idea de cubrir Paterna de alfombras para que nuestros empleados vayan descalzos y se desestresen, que falta nos hace. El problema es que Pepe Claramunt come tramussos en su despacho y si se le caen al suelo nos mancha el alfombrado. Le vamos a decir al Cardenal García-Gasco que o nos deja entrar descalzos a la Catedral o nos vamos a la Mezquita (aquí las llaman Camii, casi como los de los helados. Aunque yo soy más de Frigo y el Frigo Pie).

Por la noche, y después de un día ajetreado, la Consu me hizo una proposición: “Juanito, yo tengo ganas de sentirme joven, ¿te vienes a bailar al Babylon?”. Me explicó que su amigo Javi Doménech 'el turco' (periodista de nuestro canal, Canal Nou) le había recomendado este local de culto, Babylon (nos abstuvimos de ir a DIP, la otra recomendación, porque allí en 1999 la mafia montó un tiroteo). Estuvimos horas bailando hip-hop y house... El fregoteo de Alberto Martí me ha quitado 20 años de encima.

El siguiente día lo pasamos durmiendo. Hasta el director del hotel vino a ver si nos ocurría algo.  Consuelo, en camisón, salió a hablar con él y lo aclaró todo, “Mr Soler is tired”. A la salida de la luna, para airearnos, fuimos a una zona universitaria, en el barrio de Beyazit, donde nos sentamos a fumar Narguile, que es una pipa de agua que echa muchísimo humo. Consuelo, así de primeras, era reticente, como siempre: “Juan que mira el disgusto que nos llevamos en Ámsterdam por las setas secas”. “Si esto es sano, chica. Además, un día es un día”. La convencí y los dos comenzamos a chupar nuestras respectivas boquillas. Qué humareda, Dios. En Estambul, como no tienen Taula Esportiva ni Murciélago (lo que hay son gatos, una invasión) se vienen por las noches a estos jardines del té, a fumar, a beber té rojo y a tertuliar.

En nuestra última jornada no quisimos despedirnos de esta ciudad sin recorrer el Bósforo a bordo de un barquito. Fuimos hasta los muelles de Eminonü y nos subimos a uno de los barcos. Yo llamé a Tito Bau para ver si antes de irnos podía enviar a Roberto N. Cataluña hasta aquí. Consuelo quería salir en la portada del Super con los pies descalzos y con la silueta de las mezquitas de espalda. Entre una cosa y otra no pudo ser (creo que Bau está enfadado conmigo...). Nosotros salimos y comenzamos a recorrer el canal del Bósforo. Un solecito más bueno hacía... y un traqueteo... Consuelo se quedó flipada con los chalets que habían en las riberas. 

Quien tiene dinero tiene una parcelita a orillas del Bósforo. Y así, con el sol sonriéndome en la cara (no sé, pero últimamente todos me sonríen), Consuelo me hizo una revelación: “mira Juan, a los niños los tenemos crecidísimos, Morera está deseando ser presi, tú tienes mucha ansiedad por culpa del fútbol, , ¿por qué no compramos un chalet aquí y nos quedamos a vivir? Por la mañana estaríamos en el chalet, por la tarde de compras a Istiklal o a los bazares, y por la noche... ¡a fumar narguiles y al Babylon!”. “Mi querida presidenta consorte, amada Consuelo, antes tenemos que acabar nuestra obra. No olvides que soy el Atatürk del valencianismo, el padre de la patria ché”. 

Y entonces una gaviota enviada por Manolo Llorente excrementó sobre nuestras 'gorras manta' de Lacoste compradas en el Gran Bazar. Nunca nos dejarán tranquilos. Qué mierda”.

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Recomendaciones chechecheras
Pasar la tarde y parte de la noche en la calle Istiklal (foto 6 inferior). Una forma de descubrir que la ciudad rancia, cutre, roñosa y sórdida se desvanece en algunas partes.
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Pese a la inmensa fama que le acompaña, el Gran Bazar no merece más que un breve paseo. El Bazar Egipcio (o Bazar de las Especias, en Eminönü) es más divertido y esenciado. (foto 2).
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Conviene andar con mil ojos ante taxistas y timadores que venden paseos por el Bósforo. La línea de tranvía recorre todo el centro y en los muelles de Eminönü se ofrecen los trayectos marítimos a precios muy económicos.
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Las Islas Príncipe -a un rato en catamarán de Estambul- son un buen destino para darse una vuelta por playas estupendas y pueblos genuinos (salvo alguno, invadido por domingueros).
¡Comidas y merendolas!
Tras ingerir Iskander Kebab, Döner Kebab, Shis Kebab y Bunyol Kebab, hay puertecitos pesqueros (Sariyer) para desintoxicarse y comer pescado excelente recién capturado. Dos buenos lugares para comer son el Pudding Shop, un restaurante económico de comida turca y pasado hippie, cerca de Santa Sofía y Mezquita Azul, y el Four Seasson, en Istiklal, que es más caro pero realmente agradable.
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Para merendar hay en Istiklal lugares muy 'in' como 'Barcelona' -pastelería-café- o la 'Cremeria Milano', tranquila y con una jefaza italiana simpatiquísima. Para imbuirnos en el ambiente aborigen es mejor ir a alguno de los jardines-té de las zonas de Sultanahmet o Beyazit (el de 'Erenker Çay Bahçeai' es muy auténtico).
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¿Por dónde salimos de marcha?
Zona Beyoğlu sí o sí. Alrededor de la plaza Taksim están los locales de moda. Cerca, por Tünel, está Babylon, una sala visitada por nuestros Juanito y Consuelo y donde se ofrece una música variopinta: desde jazz a house. De corte urbano, muy tendencia. Aconsejable por complejo. (El cutrerío folclórico de danzas del vientre y similares comienzan, por suerte, a escasear).
 

10 DICIEMBRE 07

 

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