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Los mejores redactores de obituarios de la ciudad
vuelven, tras unas semanas de respiro, a la que
siempre fue su casa. En checheché se les
aprecia como en ningún sitio, y ellos, a cambio,
nos recompensan trazando la vida (y también,
claro, la muerte) de auténticos hitos del
valencianismo, doblegados en la cruenta batalla de
las katanas.
Hoy
rendiremos memoria al autobús. Al autobús de la
empresa Vialco, fiel y discreto aliado del
València en sus andanzas nacionales... pero también
continentales. El autobús Vialco, recordemos,
cruzó las tierras europeas. Vacío, es verdad, y
con la única finalidad de acompañar a los
jugadores en sus paseos urbanos. Denodados
esfuerzos nunca bien ponderados... Fue testigo
mudo de grescas, algarabías, celebraciones y
largas sesiones oníricas, o simplemente siestas
con derramamiento de baba. Albergó
confabulaciones, complots, tramas enredadas que
muchas veces tenían como protagonista afectado al
entrenador, lerdamente situado en la parte
delantera. ¡Y sirvió de comedor improvisado en
el que los jugadores comieron pizza tras el
encuentro! A muchos les solía caer el manto
ligero y mantecoso de la pizza ante la indignación
callada de Pascual, el conductor de la
nave. Asimismo, el autobús del València le
permitió a Santiago Cañizares extender
sus perversiones maniático-supersticiosas,
bajando el último del vehículo para lograr una
ovación sostenida.
Una vida
de compromiso -el bus de Vialco tuvo suculentas
ofertas de una organizadora de despedida de
solteras y decidió quedarse- fulminada en una
tarde aciaga. El bus estaba estacionado frente a Mestalla.
Esperaba la llegada de los jugadores para
transportarles a un hotel cercano -un clásico-.
Pascual había llegado con antelación por lo que
decidió ir a un bar cercano a hacerse una Fanta
de Naranja (estaba de servicio). Ese momento
fue aprovechado por una banda de individuos,
heterogéneamente uniformados -mezclaban sin pudor
sudaderas y pamelas-, para endosar una terrible
paliza al autocar. Unos días después se conoció
que, tras más de 20 años de vinculación, Vialco
y su bus dejaban de servir al València. La
noticia causó un gran impacto internacional y
graves altercados en Manila.
Hoy
el desvencijado autobús transporta a ancianas
hasta Marina d´Or y se lamenta agriamente
por no ser invitado a ninguna tertulia nocturna.
El autobús dijo: “¡Como si Vicente Andreu
aportara mucho más que yo!”.
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