En mayo de 1914 un terremoto provoca una ola de incendios que hace estragos durante varios días en la ciudad entonces conocida como València (o Valencia, o Valéncia). Los incendios causan los mayores daños en los barrios del Carme, Velluters, Hospital, y en los barrios extramuros de Quart y Sant Vicent. La saturación de la vieja ciudad, con más de mil habitantes por hectárea, hace que las pérdidas humanas sean muy importantes. En los meses siguientes la ciudad se paraliza y los saqueos, reyertas y tiroteos se suceden. Gran parte de la población abandona València (o Valencia, o Valéncia). Tras un lustro de decrepitud, las autoridades locales deciden que la ciudad de tilde confusa debe florecer. A principios de 1919, se presenta en el Trianon Palace, un proyecto de regeneración que propone exportar alrededor del mundo la imagen de ciudad renovada. Para castrar los debates en torno a la tilde, València (o Valencia, o Valéncia) pasa a llamarse sólo Valenciastán (mismo nombre llevará su provincia). Se funda un equipo de fútbol en un bar que era horchatería. Se construyen nuevos teatros para saciar el gusto del pueblo por la zarzuela, la revista, el music-hall, el cuplé y el vodevil. Y las áreas más mermadas por los incendios del 14, se repueblan con ciudadanos ingleses, franceses, unos pocos centroeuropeos y otros pocos, demasiados pocos, nórdicos, condenados en sus países por delitos de excentricidad e incontinencia.
Comienza una nueva era. Miles de personas (hasta veinte mil) se reúnen en el Cine Colyseum o la Plaza de Toros para presenciar frenéticas veladas de boxeo. En el canódromo Vallejo se celebran carreras de galgos, seguidos por fidelizadas muchedumbres. Las valencianís Elenita Pla y Pepita Samper ganan el concurso español de mises. En la playa del Cabanyal se eliminan las estrictas reglas de separación por sexo en zonas de baño. Los fornicios a la luna de Valenciastán se prolongan hasta bien entrada la madrugada. La primera mitad del siglo XX avanza entre réplicas sísmicas y tragedias cainitas. Se levanta el Jerusalem Cinema, el Cine Capitol, la casa Judía y la Finca Roja. Artistas e intelectuales pasan las noches en el Café Vodka, el Lyon d´Or, El Ideal Room o el Mestalla, inaugurado en 1929. Se populariza una fiesta que dará calor a los marzos de Valenciastán: las Fallas. Las heladas y la brutal reducción de los precios en las subastas de Londres, agudizan la difícil situación de la agricultura citrícola. Mientras, la represión del dictador FF hacina a cientos de condenados en las cárceles de la Modelo, la provincial de mujeres o la Sant Miquel dels Reis. En 1954 Salvador Dalí diseña la falla municipal. Desde los 60, la ciudad cruje por los cuatro costados y se expande caóticamente su periferia urbana. Nuevas edificaciones en Torrefiel, Barona, San Marcelino, Beteró, etc. Nace Gallolo, que será personaje emblemático de la ciudad. El “Building News” de Nueva York y “L´Architecture d´Aujord´hui” parisino ensalzan la arquitectura del Colegio Guadalaviar, “ópera prima” del Estilo Internacional.
1971 se convierte en uno de los mejores años de Valenciastán: se inaugura El Corte Inglés y el VCF gana la Liga tras una carambola. Las salas de cine inician su declive y algunas, la de Boston o la de Versalles, cierran para siempre sus puertas. La urbanización del Saler levanta gran polvareda social. El referéndum constitucional llega a la ciudad precedido de incidentes como el falso regalo navideño cargado de dinamita y metralla, dirigido al señor SG. El señor JF también recibe un “regalo” unos días antes. La coentor y el glam inundan las calles. El barrio del Carme quiere pero no puede ser Saint-Germain. Capsa, Christopher Lee, Discoteca Prados o Krakatoa toman el protagonismo. Las verbenas promiscuas y musicales se instalan en el Teatre del Micalet. En el paseo de la Alameda nace el Salón Música I, que por su diseño nórdico y la fuerte insolación convierten en sauna el vestíbulo. Se construye el Instituto Valencianí de Arte Moderno. Una periodista de rojo se convierte en alcaldesa vitalicia y más de 50 mil farolas aterrizan en las calles. La Paella Russa, Alcàsser y Tómbola sientan a la ciudad frente a la tele.
En estos años, y en medio de un partido aburrido, Gallolo, sentado en su localidad de Mestalla, toma su miembro e inicia una frenética paja, pero varios aficionados velan por la moral católica e impiden que Gallolo culmine su faena con éxito. Un espacio próximo a la desembocadura del viejo cauce del Turia es colonizado por edificios nucleares obra del señor SC. El entonces presidente del VCF, de ascendencia morisca, recibe en Madrid una brutal paliza tras negarse a pagar en un conocido centro recreativo. El VCF, con retales italoargentinos, consigue grandes logros. El conocido empresario señor JA promueve fallas de más de 132 metros de altura y en época más inmediata, el bombero TJ llora en la radio, un suizo inaugura el mar de Valenciastán, se prohíbe circular con patines, se vuelve a permitir circular con patines, y, durante un verano, el deportivo Superdeporte publica su suplemento juvenil el Supertorso, de gran éxito.
(Gran parte de la información de este artículo está extraída del libro ‘Historia de Valencia’ (Editorial Prensa Valenciana, Universitat de València)